Uber nunca taxi

(publicado en El Cronista en julio 2014) 

El martes en Barcelona no hubo taxis. Los 14 mil taxistas hicieron un histórico paro de 24 horas justo el día que llegué a la ciudad. La única manera de escapar del aeropuerto El Prat era en colectivo. Eran tan largas las filas de personas como su fastidio. No me importó demasiado porque estoy acostumbrado a las colas de Buenos Aires y porque el calorcito del verano catalán me recibió feliz gracias a Di María.

La huelga en Barcelona fue porque desde hace unos meses funciona Uber, la plataforma que con una app movil conecta a las personas que quieran viajar a algún destino de la ciudad. Los que tienen un auto particular y quieran hacerse unos euros como choferes, se registran en el servicio y listo. Los perfiles de los choferes están online y su reputación es calificada por los pasajeros. Quien necesite un auto lo pide desde la misma app. Puede ver la reputación del conductor, comentarios de otros pasajeros, rastrear el auto desde el móvil para saber la ubicación exacta y saber la tarifa del viaje antes de subir. Y pagar con la tarjeta de crédito asociada a la aplicación. Sin dinero físico. También se usa mucho compartir el auto con personas desconocidas pero con destinos similares.

File illustration picture showing the logo of car-sharing service app Uber on a smartphone next to the picture of an official German taxi sign in Frankfurt, September 15, 2014. A Frankfurt court earlier this month instituted a temporary injunction against Uber from offering car-sharing services across Germany. San Francisco-based Uber, which allows users to summon taxi-like services on their smartphones, offers two main services, Uber, its classic low-cost, limousine pick-up service, and Uberpop, a newer ride-sharing service, which connects private drivers to passengers - an established practice in Germany that nonetheless operates in a legal grey area of rules governing commercial transportation.    REUTERS/Kai Pfaffenbach/Files  (GERMANY - Tags: BUSINESS EMPLOYMENT CRIME LAW TRANSPORT)

Fundada en 2009 por Garrett Camp y Travis Kalanick en San Francisco, Uber tuvo tanto éxito en EE.UU que ya recibió varios millones de dólares de inversión (entre los inversores, está Google). Por el momento, el sistema funciona en Barcelona pero ya están alertas los taxistas de Madrid, Sevilla, Valencia y otras ciudades españolas.

Los taxistas y sus sindicatos dicen que la competencia es desleal y que están “en contra del trabajo ilegal”. Le exigen a los gobiernos que prohíban el servicio. Se amparan en la ley de transporte terrestre local, que obliga a tener licencia especial (y carísima) para llevar personas.

Pero desde Uber no solo no hay intenciones de abandonar el servicio sino que planean expandirse. “Si los taxis hacen huelga, es asunto suyo”, provocó el manager de la empresa en Europa.

Internet modifica todo a una velocidad pasmosa. Pero nadie imaginó que también modificaría la industria del transporte. En definitiva, nuestra forma de viajar y movernos en una ciudad.

El enojo de los taxistas catalanes les impide ver que el problema no es Uber. Tal como ocurrió con los contenidos o las compras de productos, el problema es el rotundo choque de dos culturas antagónicas: la anterior a Internet y la actual. Los taxis representan un modelo de transporte antiguo: empeora el tráfico, es caro para el pasajero, hay una enorme burocracia detrás y contamina el medio ambiente.

El transporte público y la movilidad urbana es uno de los temas más importantes cuando en los principales países del mundo se discuten las ciudades del futuro. Todas las tendencias van hacia un transporte más inteligente: colaborativo (más lo usan, más eficiente), automatizado (sin chofer), más económico y rápido, que no empeore el tráfico y que contamine menos. Lo opuesto a un taxi.

Uber, como en su momento fue Napster y ahora es Amazon o Netflix, es el conejito de indias disruptivo pero no el culpable. Por su éxito, en otras ciudades surgen como moscas servicios similares. Imposible prohibirle a los usuarios que se organicen en red.

Los taxistas no comprenden la lógica del mundo nuevo. El martes al mediodía, dos mil de ellos marcharon por el elegante Paseo de Gracia al grito de “El taxi unido, jamás será vencido!”.

¿Jamás?

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