La conquista a pie

Con Times Square como modelo, varias ciudades del mundo reformulan sus espacios públicos para desalentar el uso del automóvil. ¿Cómo? revalorizando algo sencillo, económico y al alcance de todos: caminar. La nueva filosofía peatonal.

 

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(publicada en revista Brando de diciembre 2015 por Leandro Zanoni)

A fin de año, Madrid tendrá 350 hectáreas con acceso restringido a los autos. Hay zonas de París donde se priorizan las bicicletas y los peatones y los autos no pueden superar los 20 km por hora. Hamburgo planea conectar todos sus parques para que los ciudadanos puedan recorrerlos caminando o en bici. Los arquitectos hablan de “ciudades compactas” que puedan ser atravesadas a pie en veinte minutos. Hace cuatro años el emblemático Times Square de New York empezó un plan de peatonalización permanente que concluirá en 2016. Más de 400 mil personas transitan a diario por la zona más famosa de Broadway y lo hacen a pie.

Desde hace algún tiempo las mejores ciudades del mundo se propusieron desalentar el uso de las cuatro ruedas por motivos que van desde que contaminan el medio ambiente, congestionan el tránsito y son caros hasta que son ruidosos y producen accidentes fatales. Entre las alternativas que se proponen, una de las tendencias que -valga la redundancia- pisa más fuerte es una acción tan simple como antigua: caminar. Adelantar la pierna derecha, después la izquierda. Dar un paso, dos. Cien. Mil. Es gratis, no dependemos de nadie para hacerlo y además, hace bien a la salud. Caminar está tan de moda que ahora existen pulseritas con sensores y apps para smartphones que cuentan nuestros pasos cada día y los comparan con los de ayer y los de mañana y con los que dan nuestros amigos en Facebook. Caminar es -una- de las alternativas que nos ofrecen, entre otros, urbanistas, médicos, activistas de la vida sana y funcionarios de los gobiernos para descomprimir las calles urbanas de tanto bólido de hierro sobre ruedas.

Desde hace unos años el área de Transporte del gobierno porteño, liderada por Guillermo Dietrich (quien paradójicamente proviene de una familia históricamente ligada a la venta de autos) se enfiló detrás de la estrategia de reducir el uso del auto. “Pensar en la mejor manera de mover personas y no autos”, sostiene. El origen y la autoría de estas ideas modernas de ir en contra del auto están difusas y se discuten pero podrían rastrearse en el francés Georges Amar, profesor de la prestigiosa Ecole des Mines y especialista en movilidad urbana. En su libro “Homo mobilis. La nueva era de la movilidad” (que acá editó La Crujía en 2011) plantea que la movilidad urbana debe ser considerado un derecho social, como la salud, la educación y la electricidad. Amar, en resumen, considera que el tiempo entre dos lugares (punto de partida y llegada) debe ser aprovechado productiva y socialmente, en la interacción con otras personas.

A grandes rasgos, la estrategia de movilidad del gobierno porteño consistió en tres grandes ejes: bicicletas (instalando las redes de ciclovías protegidas, conocidas en Buenos Aires como “bicisendas” y el sistema de bicicletas públicas), el Metrobús y la peatonalización de más de sesenta calles cerradas o restringidas a los autos.

En ese mismo rumbo, trajeron en septiembre a Buenos Aires al arquitecto danés Jan Gehl, autor del libro “Ciudades para la gente”, donde propone “humanizar el espacio público” y que los ciudadanos recuperen la calle. “Para eso los gobiernos tienen que hacer más peatonales y los ciudadanos intervenir las calles, porque son suyas”, le dijo a Brando después de la charla para mil asistentes que fueron a escucharlo al auditorio de la nueva sede del gobierno porteño en Parque Patricios. Gehl, de joviales 79 años, puso a la peatonalización de Times Square en New York como modelo a seguir. “Las ciudades modernas deben ser eficientes, sustentables y sobre todo con espacios públicos amigables para caminar, porque la gente siempre elige caminar por donde hay otra gente”.

Otra abanderada del arte de dar pasos es la escritora y activista norteamericana Rebecca Solnit, quien en su ensayo “Wunderlust. A History of walking” (2005) propone caminar como un acto político y revolucionario: una forma de resistencia frente a las rascacielos y los barrios cerrados. También como una manera de recuperar el cuerpo “que puede llevarte a donde quieras”. No es casual que Solnit sea de San Francisco, una de las ciudades más caminables del mundo, segunda detrás de New York según el Top 10 anual de las urbes de EEUU más caminables elaborado por WalkScore.com. Miden parámetros como estado de las veredas, señalización para peatones, espacios públicos, monumentos y atracciones artísticas, tiempo y distancia entre partida y llegada, etc. ¿La peor ciudad? Los Angeles. Un ciudadano de la ciudad del cemento y las autopistas pasa al año, en promedio, seis días completos encerrado en el auto en medio de embotellamientos. Como para no enloquecer.

Las ventajas de caminar son varias. Dejar el auto estacionado en el garage y caminar no solo sirve para la salud física y mental y reduce la contaminación del aire y el ruido. Salir a caminar también muestra un entorno urbano diferente al que se ve desde el auto. El peatón pone los ojos en modo turista y se detiene en detalles que, en general, no reciben su atención cuando va con la ñata contra el vidrio del auto o el colectivo. O puede escuchar música. Caminar también contribuye a la interacción social, con el vecino, con un turista o con cualquier otra persona que se cruce por el camino.

Haga la prueba. Salga a caminar sin rumbo, explore su barrio o el mundo que rodea a su lugar de trabajo. Súbase a la moda. Deje el auto para distancias cortas y practique el antiguo arte. Paso a paso, como aconsejó Mostaza Merlo.

París siempre será nuestro

El domingo 27 de septiembre los parisinos se encontraron con una ciudad diferente: sin autos. Durante todo el día se prohibió el ingreso de autos a los ocho barrios que contienen las zonas más céntricas y turísticas de la ciudad luz. La iniciativa, encabezada por la alcaldesa Anne Hidalgo, permitió que miles de personas caminen por calles y veredas, a contramano del tránsito, sin respetar señales ni semáforos impotentes. La avenida Champs-Elysées se colmó de gente que, a pie o en bicicleta, recorrió su ciudad de una manera diferente. Otros se sentaron al sol con sus propias reposeras en las calles que rodean a la Torre Eiffel. El único ruido ambiente eran las voces de las personas. Fue tal el éxito de la convocatoria “París sans voiture” que ya anunciaron que la repetirán en 2016.

Social Street

La tecnología también se puso al servicio del paso a paso. A las pulseritas tipo Fitbit ya mencionadas, se le suman relojes inteligentes como el de Apple y Samsung y detrás, una manada de aplicaciones para el celular que miden el caminar o ayudan a pasear por los centros urbanos, con guías interactivas, podcasts, fotos de lugares de interés, rutas caminables, distancias, etc.  También las redes sociales contribuyen a una revalorización de la calle como espacio público. Como la movida Social Street (www.socialstreet.it), creada hace dos años por el italiano Federico Bastiani. A los 37 años se mudó de barrio en Bologna y creó el grupo cerrado en Facebook “Residentes de via Fondazza”, una calle histórica de cinco cuadras. El objetivo fue que los vecinos de la calle salgan a caminar y a entablar relaciones sociales con sus pares desconocidos y así generar un sentido de comunidad. La mecha prendió. Ya existen más de 360 Social Street en todo el mundo que involucran a unas 20.000 personas de ciudades de Francia, Nueva Zelanda, Croacia y Brasil, entre otros países.

Walking Men

En Buenos Aires se pudo ver durante octubre la famosa instalación “Walking Men Worldwide” de la la fotógrafa israelí Maya Barkai, una defensora del caminar urbano. Se trata de la señal de los hombrecitos verdes de los semáforos que dan paso a los peatones en diferentes ciudades del mundo. Cada uno es diferente. La muestra recorrió varias ciudades como Nueva York y Sidney.

La Walking Summit 2015 fue una cumbre que se realizó en octubre en Washington con el objetivo principal de instalar la práctica de caminar en las agendas de los medios, las organizaciones, gobiernos y empresas y presionar para que se modifiquen los entornos urbanos. Durante dos días de octubre hubieron charlas, workshops y otras actividades relacionadas a difundir caminar por la ciudad. http://walkingsummit.org/

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