Aeropuertos: las nuevas ciudades

Los aeropuertos tienen cada vez una mayor importancia en la planificación de las ciudades modernas. Más grandes e inteligentes, ofrecen al pasajero servicios de lujo y dejaron de ser un lugar de paso para convertirse en un destino en sí mismo.

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El turismo y los viajes de negocios aumentan sin pausa. Según la Organización de Aviación Civil Internacional, ya son tres mil millones de personas las que viajan por año, número que se duplicaría para 2050. Por eso la cantidad de terminales de los aeropuertos se multiplican y ocupan cada vez más metros cuadrados. Se transformaron, de cara al siglo XXI, como un eslabón irremplazable en la cadena del desarrollo de las nuevas smart cities.

Cada vez más lejos del “no lugar” que definió el antropólogo francés Marc Augé, los aeropuertos son los nuevos centros urbanos sustentables. Versiones urbanas reducidas, sofisticadas y pulcras donde todo funciona y no existe ni la hora ni el tiempo. Allí no es de día ni de noche, no hace calor ni llueve. La seguridad es una obligación.

Están pensados para brindarle el máximo placer al pasajero mientras no está en el aire, con servicios que van desde shoppings, restaurantes gourmet, bancos, oficinas, vestuarios con duchas y camas, hasta subtes, museos, parques de diversiones, canchas de golf, centros de conferencias y salas de cines. Más que un lugar de paso, los aeropuertos se posicionan como centros turísticos y espectaculares destinos que uno no puede (ni debe) dejar de conocer.

Como en la película La terminal, donde Viktor Navorski, el personaje interpretado por Tom Hanks, pasa casi veinte años encerrado en el aeropuerto CFK de New York. Los aeropuertos serán tan grandes que se hace cada vez más difícil definir sus límites con las ciudades, sus fábricas de producción, los espacios verdes y las residencias familiares. Si durante el siglo IIX las ciudades modernas se construyeron alrededor de los puertos comerciales, ahora lo hacen en torno a sus aeropuertos. Miles de personas vivirán en casas construidas en esas nuevas zonas, bautizadas “Aerotrópolis” por John Kasarda, profesor de la Escuela de Negocios de la Universidad de Carolina del Norte (EE.UU). Varios urbanistas y arquitectos se encolumnan detrás de este concepto pero también hay quienes se resisten a la idea. La seguridad, la contaminación y el ruido de los aviones son algunas de sus razones.

No es casual que este año haya comenzado a construirse el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, que contará con su propia aerotrópolis de 375 hectáreas, ubicada entre dos aeropuertos. Tendrá hoteles, centros comerciales, autopistas, parques industriales y espacios públicos. Planean inaugurarlo en 2028 y tendrá una población estimada de 180 mil personas.

Mientras tanto, en Qatar, con miras al mundial de fútbol 2022, se proyecta un aeropuerto-ciudad (¿o ciudad-aeropuerto?) alrededor del de Doha para albergar a 200 mil habitantes.

Lo cierto es que los aviones son los barcos de hace un siglo. Los gobiernos incentivan a las empresas con ventajas impositivas para que instalen sus oficinas alrededor de los aeropuertos. Mil empresas (como ING o ABN Amro) ya rodean al aeropuerto Schiphol de Amsterdam. Y China invertirá u$ 180 mil millones en los próximos cinco años para la construcción de 50 aeropuertos comerciales. Para el espectacular de Beijing, remodelado por Norman Foster para los Juegos Olímpicos de 2008, prometen un millón de metros cuadrados y capacidad para hacer transitar sin dificultades a más de 76 millones de pasajeros.

El mejor

Los que planifican las ciudades saben que lo primero y lo último que ve un turista es el aeropuerto. Su buena o mala experiencia allí influirá en la opinión que tendrá sobre la ciudad y que después fomentará entre los suyos. Un buen aeropuerto es clave para la construcción de la marca ciudad en la actualidad. Por eso la carrera por tener “el mejor aeropuerto del mundo” se convirtió en una dura competencia. El Changui, de Singapur, fue premiado como el mejor por tercer año consecutivo por la consultora de servicios aéreos Skytrak, según variables como seguridad, servicios, migraciones, velocidad del check-in, etc. Votaron más de 13 millones de pasajeros de 112 nacionalidades. Esperar en alguno de los aeropuertos del TOP 10 ya no resulta un tedio, sino un placer. Si usted quedara varado en El Changui, podría disfrutar de un jardín de mariposas o de un buen baño en la piscina olímpica. Incheon, el segundo del ranking, ubicado en Corea del Sur, tiene casino, spa y un centro de arte coreano. En el Chek Lap Kok de Hong Kong se puede jugar al golf. Los nueve hoyos están disponibles en la terminal 2, durante el día y también por la noche. Porque, como cantaba Charly García en “Pasajera en trance”, un amor real es como vivir en aeropuerto.

También hay rankings de aeropuertos de nuestra región. El que tiene más destinos hacia Latinoamérica es el de Miami, pero el que más tráfico de personas gestiona por día es el Benito Juarez, en la ciudad de México.

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