Llegaron los buses inteligentes

Un coche autónomo, sin nadie al volante, recorrió hace cinco meses los 590 kilómetros que separan las ciudades españolas Vigo de Madrid. El viaje formaba parte de un experimento impulsado por el grupo Peugeot-Citroën para poner a prueba, en ruta y con tráfico real, el comportamiento de un automóvil capaz de desplazarse sin la intervención de un conductor. Esta semana, la industria ha dado un paso más al echar a andar en España el primer bus urbano sin piloto. La prueba, enmarcada dentro del proyecto CityMobil2 de la Unión Europea, se ha llevado a cabo en San Sebastián tras haberse ensayado en  otras ciudades como Oristano (Italia), Lausana (Suiza), La Rochelle y Sophia Antipolis (Francia), Tríkala (Grecia) y Vantaa (Finlandia).

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Este autobús urbano, que realiza su ruta por el Parque Científico y Tecnológico de Guipúzcoa —dos kilómetros de recorrido con 10 paradas—, es un auténtico laboratorio sobre ruedas. Con capacidad para 10 personas y una velocidad máxima de 12 kilómetros, está automatizado, es eléctrico y ha sido programado de tal manera que los técnicos aseguran que es inteligente. Las tres unidades en circulación están monitorizadas por wifi y dotadas de un sistema de guiado de alta precisión. Pero por si la Red fallara, a bordo viaja un conductor profesional atento a cualquier eventualidad.

Por el momento, el CityMobil2 no es más que un ambicioso programa de investigación, pero no cabe duda de que en pocos años veremos cada vez más vehículos autónomos circulando por las calles. Las grandes compañías automovilísticas y los gigantes tecnológicos trabajan a toda velocidad. Google, por ejemplo, tiene sobre el asfalto de Silicon Valley una flotilla de coches que se manejan solos gracias a un enjambre de sensores y radares. Son, a decir de los ingenieros, mucho más complejos que los autobuses urbanos europeos, que básicamente siguen una ruta prefijada, se detienen en las paradas establecidas y frenan si detectan un obstáculo.

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En coche privado o en transporte público, la conducción automática está llamada a revolucionar la manera en la que la gente viaja. Las smart cities harán la vida más fácil a sus habitantes si por ellas circulan vehículos inteligentes que no contaminen, agilicen el tráfico y ahorren energía. Además, todos los estudios indican que esta manera de circular es más segura, de modo que se reduciría la siniestralidad y habría menos muertos en las rutas.

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Pero la fabricación de coches superdotados no es solo cosa de ingenieros, matemáticos y expertos en tecnología. También los filósofos desempeñan su papel. El profesor de la Universidad de Stanford (EE UU) Chris Gerdes plantea el siguiente dilema: un coche autónomo tiene que elegir entre chocar con un niño que irrumpe por sorpresa en una calle o desviarse y chocar con una furgoneta que se acerca en sentido contrario. ¿Qué decisión adoptará el coche inteligente? La respuesta ética residirá en el algoritmo. O sea, no en la máquina.

 (El País, España)
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