Los nuevos monumentos

El Rey Federico II el Grande, creador de la Puerta de Brandenburgo en 1791, nunca imaginó que su obra ícono de Berlín iba a ser usada por Lionel Messi para promocionar la final de la Champions League de 2015. Pero los monumentos, como todos los demás elementos de las ciudades, están vivos. Algunos mueren, nacen nuevos, otros se reconvierten. Como la Puerta de Brandenburgo, asociada a Napoleón, después convertida en un símbolo inequívoco del nazismo y la Segunda Guerra y, más acá en el tiempo, en uno de los íconos de la guerra Fría y la caída del muro de Berlín en 1989. Hoy es una de las imágenes para fomentar el turismo en la ciudad alemana. Pero no sólo ocurre en Berlín. Para difundir el mundial de fútbol 2014 y los Juegos Olímpicos de este año, Río de Janeiro no dudó en usar su figura más emblemática: el Cristo Redentor, inaugurado en 1951.

Los monumentos (palabra cuya etimología en latín significa recuerdo) son tal vez los símbolos distintivos más grandes que tienen las ciudades. Originalmente fueron obras arquitectónicas y de arte construidas por el hombre para homenajear a otros, a Dioses, a mitos o a hechos puntuales. Esculturas, estatuas, templos, iglesias, palacios. Los tamaños, estilos y los materiales varían según la importancia del homenaje. Pero se sumaron edificaciones que con el paso del tiempo tomaron especial significado, como el caso de algunos edificios y puentes.

También existen monumentos naturales, como Machu Pichu o las cataratas del Iguazú.

Algunos son tan famosos que no hace falta nombrar la ciudad para saber de cuál hablamos. La Torre Eiffel, el Golden Gate, la estatua de la libertad, el David, el Obelisco, la fontana di Trevi, el Big Beng, la gran muralla, la Sagrada Familia de Gaudí, el Coliseo, el Partenón, la Torre de Pisa. Es imposible esquivar la tentación de sacarse una foto al estar delante de alguno. Con los años y los siglos, se convirtieron en una de las principales atracciones turísticas de las grandes urbes. Caminar y posar junto a ellos es tal vez uno de los modos más directos que tenemos para sentirnos parte de la historia de la humanidad. Aunque más no sea por unos minutos.

A posar

Al igual que frente a la Estatua de la Libertad, miles de de personas posan todos los días delante del Apple Store de New York, en la 5ta Avenida frente al Central Park. Se sacan fotos y las suben a las redes sociales. Es un enorme cubo de vidrio que hace de entrada para un impresionante local subterráneo de 2300 m2. Muy poco tiempo después de su inauguración en 2006, la tienda se convirtió en un ícono de la ciudad y ahora es uno de los puntos turísticos más visitados de la Gran Manzana, igual o por encima de los clásicos Empire State o el Rockefeller Center.

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Tiendas comerciales, shoppings, estadios de fútbol, galerías de arte, restaurantes, museos. Todo sirve para comunicar y atraer turistas. O incluso una simple frase publicitaria convertida en cartel, como las letras que forman la frase “I Amsterdam”, ubicadas frente al emblemático Rijksmuseum de esa ciudad. El logo fue diseñado en 2004 por la agencia Kessels Kramer como parte de la campaña de marketing para difundir la ciudad. Hoy es el lugar más fotografiado de la capital holandesa por encima del Palacio Real y la casa de Ana Frank. Y ya cobró vida propia. El logo aparece en conciertos de rock, plazas, terrazas, sitios web, aeropuertos y en todo tipo de merchandising, que reemplaza a los viejos souvenires y a las postales de antaño.

En su ensayo Entropy and New Monuments (1969), Robert Smithson ya anticipaba el concepto y abría el paralelismo entre el arte, los monumentos clásicos y los grandes centros comerciales. Los nuevos monumentos, sustuvo Smithson, son minimalistas, postmodernos y atemporales: no están hechos para recordar a nada ni a nadie ni tampoco para permanecer en el tiempo de cara al futuro. Su función es un presente contínuo.

Sobre todo en la última década con la irrupción en escena del smartphone, los monumentos incorporaron a la tecnología y a Internet como elemento fundamental para cerrar una suerte de círculo comunicacional. Por eso los nuevos íconos de las ciudades fomentan la interacción en las redes sociales brindando WiFi gratuito y estimulando a las personas para que sus fotos y videos circulen por diferentes plataformas como Instagram, Twitter, Snapchat, etc.

Eso ocurre en Chicago. Allí se luce Cloud Gate (conocida como “the bean” por su forma de frijol), una escultura del artista Anish Kapoor de 98 toneladas, inaugurada en 2004 en el Millennium Park. Su forma de espejo deforme genera miles de fotos de los turistas que la rodean cada día.

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Cloud Gate en Chicago

La arquitectura moderna y surrealista del museo Guggenheim de Bilbao (diseñado por el arquitecto canadiense Frank O. Gehry) constituye un punto turístico en sí mismo. “Las multitudes se agolpan para descubrir los nuevos museos, menos atraídos por su patrimonio que por el edificio mismo” escribió el reconocido antropólogo francés Marc Augé en “Futuro” (2012). Y explica que los arquitectos son buscados por las ciudades de mediana importancia para intentar que alguno construya una de sus obras y, de esa manera, permitirles “acceder a la dignidad planetaria y turística”.

puppyguggen.jpgNo es en vano entonces que en la entrada al museo haya un perro terrier gigante cubierto de flores. Se trata de una obra pop del norteamericano Jeff Koons bautizada Puppy que convierte las miradas de todos en miles de selfies diarias. Es casi imposible separar hoy a Bilbao de su museo. Parecido a lo que ocurre con el Opera Bay de Sydney, considerado uno de los edificios más famosos del siglo XX.  

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Pero hay monumentos para todos los gustos. Los fanáticos de la tecnología (y no tanto) ya cuentan con el San José Silicon Valley Tours, un servicio que por cien dólares recorre los principales atractivos de la ruta tecnológica de California. Las paradas obligatorias donde la gente baja a sacarse fotos ya no es en el Museo de la Computación de Santa Clara, sino la tienda de productos oficiales de Apple en Cupertino y por último, la 1 Hacker Way en Menlo Park, la entrada de Facebook donde hay un enorme cartel con el pulgar levantado de Me Gusta. Sin dudas, uno de los íconos más potentes de estos tiempos.

L.Z

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